La jipi
“Me gustan las mujeres. Todas las mujeres. Absolutamente todas.”.Estas afirmaciones dejaron de ser ciertas cuando vi a la jipi. Bueno, para ser más exacto, a la que se la pegaba de jipi.
Para empezar la jipi apestaba a perros muertos. Era asquerosamente pestilente. Tanto, que tuve que apartarme de su lado porque la comida del medio día subía presurosa por mi esófago y amenazaba con salir del cuerpo. Y la verdad, sería ya el colmo mezclar el olor a mierda "podría" que emitía la que se la pegaba de jipi con el nauseabundo aroma de un vómito. Si a esto le añadimos que esa tarde me la pegué de comilona de roque…. Pa qué queremos más!!!!!!
El caso es que la fragancia era una mezcla indescriptible. No sé si olía a coño, a sobaco, a falta de jabón, a sudor o a pie. Perdón, olía a todo eso a la vez. Sí.
Examinando la camiseta y los pantalones pude observar un cacho pizza, dos fideos, salsa de tomate, un poco de “vallonesa” y algún que otro moco repegao. Creo que si hubiera tenido la oportunidad los pantalones hubieran salido corriendo solos. Ni pensar la de palominos que tienen que tener las bragas….. y si es tanga ya ni te digo, con la tirita esa metida en el ojo del culo. Los puños de las mangas estaban negros, cosa que no quedaba del todo mal ya que hacía juego con el marrón del cuello de la camiseta. Los pies se olían y eso que tenía "carsetines" y botines.
Sorprendido observé que algunas partes de los pantalones estaban mojadas. Qué cosa más rara !!. Coño !! sus manos también están mojadas. SU PUTA MADRE !!!!! No había reparado en el perro que acompañaba a la que se la pegaba de jipi. Un perro con más mierda que la dueña y que no paraba de expulsar babas. Todas las babas iban a parar a las manos de la poseedora del animalito, que sin ningún pudor se las limpiaba en la ropa y seguidamente se seguía comiendo las uñas. – “Es que soy jipi, ave?”. Todo un espectáculo.
Después de un rato hablando sobre su solución al hambre del mundo, su oposición a todas las reglas establecidas y su opinión acerca de la explotación laboral (la que se la pegaba de jipi quería entrar en una empresa ganando 1.800 € mensuales porque para eso había estudiado… jajajaja… qué puta más ilusa), - “por donde iba?”.. A sí - después de hablar un rato sobre millones de gilipolleces e ideales absurdos e irreales propios de niños de párvulo, a la que se la pegaba de jipi le dio por “esperesarse”.
No voy a decir nada de las lesiones que sufrieron mis pituitarias (que todavía se están recuperando a base de antibióticos), describiré sólo el panorama visual al que fui expuesto.
El repugnante sobaco de la furcia que se la pegaba de jipi tenía más pelos que un concierto heavy. Debido a la falta de agua y al exceso de sudor se habían formado pelotillas olorosas de un color indefinido que más que pelotillas empezaban a ser albóndigas.
Mi hermano, que no se corta un pelo le preguntó que porqué no se depilaba. Y ella le dijo: - El sometimiento del hombre no me puede. Que se depilen ellos, digo o no??” – Sí o qué?? Respondió mi hermano. – “Aro, es quesoy jipi, ave?”.
Mire usté jipi de mierda. Para empezar lo que tienes que hacer es ducharte porque con lo que te huele la sobaca, no me quiero imaginar cómo te tiene que oler el coño, PUTA. Después, se busca usté un curro y deja de vivir a costa de sus viejos, que ya va teniendo edad para pagarse sus porritos y su cerveza usté misma, y no tus pobres padres que curran como perros para que tú cojas ciegos y encima digas que estás oprimida en tu casa y que tus viejos son unos plastas que no dejan que te expreses, GUARRA. Al perrito que te lame la pipa lo llevas al veterinario a ver si puede quitarle las chiches y las garrapatas y de camino que te las quite a ti también, ASQUEROSA. Ahhh, y deja los ideales de niños de 15 años y madura un poco, CERDA, que te la pegas de way y lo que te pasa es que eres una enferma mental.
Mientras pensaba esto vi llegar a uno que se la pegaba de jipi y que apestaba tanto o más que la que se la pegaba de jipi y que ni corto ni perezoso se atrevió a besar el pelo a su amada. El pelo de la que se la pegaba de jipi tenía más grasa que los calamares de la feria, to el flequillo repegao en la frente y una “rasta” de las que se dejaban ver de vez en cuando algún que otro piojo, o chinche.
“-Iya qué?” – “Po na, aquí” – “ámono ar keli de tus viejos, que tengo hambre” – “enga”- “iyo nos vemo”
Y allí me quedé yo con mi hermano, meditando sobre lo guarra que puede llegar a ser la humanidad y la infección que deben pillar estos dos cuando hagan un 69 o peor aún, un beso negro.
Menos jipi y más limpieza.
Amén.












Astracán dijo
Kiyo.... espera una arcada... BUUUUUURRRRPP.... kiyo que asco que me ha dao ... BUUUUURP... por primera vez me ha costao seguirte un artículo...BUUUUURP...
y es que se de sobra como son las jipis estas. Las llamamos perriflautas. Se compran un perro, se compran una flauta, se dejan de lavar y ala: ¡a vivir de los padres, que ya son jipis! Si es que son la polla. Estoy harto de encontrarmelas en la Alameda los fines de semana.
También deberías hablar de las punks. ¿Habrá una tía que de menos morbo que una punk? Con esos pelos, y esa ropa... ¡el antimorbo hecho persona! Y lo peor de todo es que las pobres no tienen perrito que las consuele... que assssssssssco por dios.
1 Junio 2007 | 10:50 AM